domingo 28 de junio de 2009

Mi vida en 26 páginas

Manda narices que a estas alturas de la película me tenga que enterar que mi vida está escrita en 26 páginas, ni una más ni una menos. Eso es lo que ocupa la carta astral que me pasaron el otro día y que conoce todo de mí con solo saber el lugar y la hora de mi nacimiento. Tantos años esforzándome por llegar a ser una tocapelotas de primera para que luego venga la página cuatro y me diga que "tiende al inconformismo y a exigir mucho de los que la rodean." Vamos, que habría llegado a lo mismo ahorrándome horas y neuronas para aprender frases irónicas y sarcásticas.
Este tipo de cosas tendrían que avisarlas con antelación a los progenitores, para que se vayan haciendo una idea de cómo quieren que les salga su churumbel. Que quieren a alguien mandón, pues tienen que ponerse a la tarea para que el crío les salga Virgo; a alguien exigente, enérgico y reservado, pues a aprovechar el frío de noviembre para que te salga Leo; soñador y pasional, Aries; creativo y tímido, Libra. Y así con todos.
Y es que si se le mira el lado positivo al asunto, oye, pues la cosa ésta ahorra un montón de tiempo, dinero y ganas. En vez de tantear a alguien y gastarte la vida en cafés, copas y helados, le preguntas su nombre, lugar, fecha y hora de nacimiento y santas pascuas. Te metes en Internet, que ahora todos los móviles tienen, miras su carta astral, y descubres en un momento si sois o no compatibles. Si es que sí, fíjate tú que feliz. Y si es que no porque las conjunciones astrales estaban en casas opuestas mirando la una pa Parla y la otra en la luna de Valencia, pues a otra cosa mariposa. Aquí paz y después gloria.
En fin, yo voy a seguir trabajando en mi repertorio de tocapelotas por si acaso, no vaya a ser que los astros se equivoquen y al final por no hacer nada me convierta finalmente en un niña buena. Y eso sí que no.

viernes 26 de junio de 2009

Con la mosca detrás de la oreja

Michael Jackson ha muerto. Abro un ojo y miro el reloj. El despertador se ha activado y en vez de ponerme música me dice que el rey del pop ha muerto. Bienvenida un día más al mundo real. En la ducha me quedo sin agua caliente. El calentador se ha debido de apagar en algún momento y es demasiado temprano para despertar a nadie. En fin. Nadie se ha muerto por terminar de ducharse con agua congelada. Ahogo un bostezo mientras espero que el microndas caliente la leche. Me asomo para ver el desperfecto que la loca de la pradera hizo anoche con las cuerdas de tender. En el sexto, una viejilla abre la ventana. Se me queda mirando vestida en camisón. Buenos días, se oye en la patio interior. El microndas pita. Buenos días, saludo con la cabeza. Voy a por mi leche. Me siento y veo por el rabillo del ojo que la mujer se ha quedado apostada en la ventana, mirando a saber el qué.
No encuentro las llaves. Llego tarde y el marcianito verde que tengo por llavero no aparece por ningún sitio. Cuando empiezo a notar que me estoy cabreando suena en la radio una de mis canciones favoritas, de esas que no ponen nunca. Miro hacia allí un microsegundo y descubro al pequeño alien debajo de la almohada. Línea 7. La mujer de enfrente devora a primera hora de la mañana el primer libro de la trilogía cuya película ví ayer. Linea 10. Me encuentro con una amiga de la ciudad de la niebla cuando intento sortear al típico fulano que no sabe que el jabón existe. Me asombro, se sorprende, y nos ponemos al día en lo que tarda el vagón en llegar a la siguiente estación. No nos veremos otra vez hasta que nos volvamos a dar cuenta que el mundo es un pañuelo. Línea 8. Se monta un revuelo cuando el vigilante de seguridad saca amablemente a una mujer y un hombre que parecen la pareja ideal con niño y maleta incluidos. Mientras la gente mata el tiempo que estamos parados murmurando, me doy cuenta que la chica que se apoya en la barra de al lado está leyendo la segunda parte de la trilogía de la película que ví ayer. Saltan los aspersores mientras atajo por el cesped del parquecillo de todos los días. ¡Perdona, no te había visto!, grita el jardinero desde detrás de un seto. Chapoteo por el barro y doy el rodeo por la acera por primera vez en cuatro meses. Un perro se cruza en la carretera, el coche pega el frenazo y una pelota de tenis rueda hasta mis pies. El chucho no estaba jugando con ella. Iba pegada a la parte de atrás del coche y se ha ido al carajo con la pitada. Justo antes de entrar al trabajo me encuentro una moneda de 2 euros. El ordenador me dice que mi cuenta ha sido desactivada. Reinicio y me dice que la contraseña no es la correcta. Apago, enciendo y me deja entrar sin contraseña.
Escamá. El día me tiene escamá. Estoy con la mosca detrás de la oreja, porque preveo que además va a ser una jornada muy larga. Lo dicho. Escamá.

lunes 22 de junio de 2009

Historias prestadas II. A este café invito yo.

A este café invito yo. Y entonces él, dueño experto de la palabra, se quedó sin saber qué decir. La mano con el billete de cinco euros se quedó a medio camino entre su bandolera y la caja. Pestañeó y se echó involuntariamente hacia delante, intentando volver oír las palabras apenas susurradas que hacía segundos ya que se habían perdido en el espacio entre ellos. Él levantó las cejas. El camarero desvió la vista y echó una mirada rápida detrás suyo. Había cola. Dos mujeres y otro hombre más esperaban ansiosos su dosis diaria de cafeína. Lily Allen sonaba por el hilo musical. Se volvieron a mirar. Una sonrisa pícara fue correspondida con otra sorprendida. Unos ojos oscuros pidieron permiso y otros achinados asintieron. Siguiente. ¿Qué deseaba? Se hizo a un lado y esperó por su café con hielo. Not Fair. Ése era el título de la canción que sonaba. Not Fair. Aquí tienes. Echó una mirada larga y descarada al muchacho de tez oscura y pelo rizado. El uniforme del Starbucks no le hacía justicia. Agarró el vaso y se encogió de hombros. Te debo un café, dijo. Me lo cobraré, respondió. Y entonces él recordó que todo empezó con un café con hielo, ¿tamaño?, grande, sonrisa cortada, sorpresa mal disimulada, siempre pasa, la primera vez es normal, ¿de qué estabais hablando?, de nada, te miro, me miras, me guiñas y me convierto en adicto al café del Starbucks. Suspiró, cogió su vaso y se sentó en su sitio de siempre. Bebió un trago, largo y pausado. Se pasó la lengua por las comisuras de los labios y se recostó en el sofá. Al otro lado de la barra él seguía sirviendo cafés. Y en ese momento dos cosas le quedaron claras. Él pagaba su deuda ese mismo día. Y Lilly Allen entraba a formar parte de sus favoritos.

lunes 15 de junio de 2009

Historias prestadas. Tony el chino

Tuerce a la derecha y la bicicleta enfila la calle desierta. A su espalda los primeros rayos de sol del día hacen su aparición entre los rascacielos. Echa una ojeada al reloj colgado de la vieja tienda de la esquina y ralentiza el pedaleo. Hoy va con tiempo. El chico de los periódicos que se aposta en el cruce de la 85th con la 7th aún no ha ocupado su sitio. Se endereza en el sillín y se despega la camiseta. El frescor mañanero desaparecerá tan pronto suba un poco más el sol. Las bocas de riego aún están cerradas, pero seguramente vea a los críos jugando en la calle con el agua cuando vuelva. Aminora el ritmo, echa el pie a tierra y apoya la bicicleta contra la vieja pared de ladrillo. Saluda con la cabeza a Tony a través del cristal mientras echa la cadena. Entra y se sienta en la barra, junto a la cristalera con maggels y muffins recién hechos. Tony aparece de la cocina y acompaña el buenos días con el cafelito con leche habitual y el maggel con pepitas de sésamo untado con Philadelphia de siempre. Se coloca al otro lado y se pone a hablar. Nunca sabe si al día siguiente volverá, pero Tony el chino siempre la tiene el desayuno preparado. Bebe un sorbo largo y pausado. No suele tener mucho jaleo a esa hora del día y hoy no es una excepción. Las sillas ya están bajadas de las mesas y pulcramente colocadas, pero el pequeño local sólo la tiene a ella como única cliente. Que cuando terminas de trabajar. Que si vas a viajar antes de volver a casa. Que el negocio está así así y que ya veremos. La pequeña radio deja por un momento la música country y da las cinco. Ella apura el último sorbo. Tony coge los cacharros y pasa la bayeta. Have a good day. You too. Sale y se monta en la bicicleta. Tony está ya enfrascado en los apuntes de sus clases nocturnas. Coge impulso y acelera sin mirar atrás. Siempre acaba llegando justa.

jueves 11 de junio de 2009

Perla publicitaria

Como soy una inepta tecnológicamente hablando, pinchais al link y lo veis allí. La primera vez que lo vi, pensé..."¡Yo quiero escribir y hacer algo así!" para después terminar "Ahora puedo morir en paz";)
El trozo de filete a medio camino entre el plato y mi boca fue testigo de ello. Y si no, preguntádselo a Will, que también estaba presente;)

Disfrutádlo!

http://www.youtube.com/watch?v=OjfI_DRuuQY

miércoles 10 de junio de 2009

Linda cabecita.

Que sí. Que el último. Que ya casi terminas. No sé por qué te lo pregunto siquiera. Ya veremos. A las cuatro o a las cinco, me viene igual de mal. Llamo y te digo. No, este fin de semana no. ¿Y cuándo vienes? Cuando tú quieras. No se te olvide felicitarle.8.20 cada uno. Tengo otra noticia para ti. Daos un baño por mí. Yo por mí iba, pero como querais. Eso va en la bolsa amarilla de envases. ¿Pero ya sabes algo? Quedamos el viernes y me das la cámara. ¿Era hoy? A ver si encuentro un hueco antes de que termine el mes. Una más. Y cae otra. Y otra. ¿Cómo se llamaba esa canción? Tal vez la próxima vez. ¿Ya te vas? Te veo en la noche. Conociéndote, seguramente ya mañana. Plan tranquilo ¿vale? Vale.
Y este culo inquieto se debate entre quedarse o echar a volar.

lunes 8 de junio de 2009

Casualidades de la vida...

No era esta la entrada que tenía pensado subir, pero es de tontos no saber ver las coincidencias y aprovecharlas.

La resaca y el mar.
La resaca es una señal divina: anoche te pasaste de la raya. Pero entonces te acuerdas del mar: el mar también sufre las resacas. Él se excede con las olas y tú con las copas, ¿dónde está la diferencia? Mareas altas y mareas bajas, temporales, calma, humedad. El mar es un espejo de tus adentros. Por eso, de vez en cuando, necesitas desaparecer en busca del mar, de las mareas y las resacas. Y en función de tu estado de ánimo te decides por el Cantábrico, el Mediterráneo o el Mar Muerto. Te sientas sobre una arena fría como tu piel y mirando al infinito te reencuentras (...) Y cuando te encuentres saciado de mar, regresarás. Hasta tu próxima resaca.
Daniel Díaz. Ni libre ni ocupado.